Al Mar

16 julio 2011

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“Y que, que has aprendido. Al mar, vamos vamos vamos a caer”  Can Can

¿Alguna vez has sentido el llamado del mar? Es maravilloso. Una fuerza tan hermosa que te jala sin que puedas evitarlo. De repente no existe nada más. Te lo digo porque me ha pasado, lo he sentido. ¿Porqué crees que tengo una fuente con agua al pie de mi cama? Cuando toco el agua, todo pasa. ¿No has vivido eso? ¡Que suerte tienes! ¿O sea que no sabes como es escuchar su sonido todos los días y a toda hora? El romper de las olas, el grito de las gaviotas. ¿Estás segura que no lo escuchas ahora? Debe ser por los sedantes, supongo. Es un sonido tan fuerte y envolvente que es imposible que no lo escuches.

No, no te preocupes, yo estoy bien. A veces escucho a mamá llamandome. Claro, no es como tú;  pero me dice cosas extrañas. Tengo sueño. Creo que voy a dormir. ¿No te molesta, o si? Ya sabes, que te deje sola cuando has venido de tan lejos. No creo que importe. Si tienes sed toma un vaso con agua y verás como te calma. A mí me quita el ardor de garganta y me hace olvidar lo que duele. Aunque ahora que has venido, las penas son más pequeñas, diminutas aunque sigan aquí. No, no estoy triste. Lloro de alegría de verte tan grande y tan bonita. Quizá podamos salir a dar un paseo. No, mejor no. Por el mar, tú comprendes.

Está bien, voy a dormir. No hace falta que me pongas otra inyección. Ya verás que si me acuesto, enseguida me duermo y no te molesto. Solo por hoy te lo suplico. Solo por esta noche que mi hija ha venido a verme. Solo hoy… ¿No ves amor las gaviotas que surcan libres el cielo?


Pascual

22 enero 2011

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No, señor policía, no me siento culpable. Hay cosas que una mujer tiene que hacer.

Generalmente, el abuelo le cuida al guagua cuando tengo que salir, pero ese día no estaba y no me quedo más remedio que subirle al Pascual al carro. Si usted lo hubiera visto, se puso feliz, babeaba más que de costumbre. Cuando llegamos, le tuve que explicar que no se podía bajar y que no tardaba. Era la primera vez que le dejaba solo. Si me estacioné en el sitio más alejado fue porque, usted no lo sabe seguro, cuando se tiene un hijo como el Pascual, especial es que les llaman ahora, se quiere evitar las miradas. Así de simple.

El Pascual se quedó tranquilo en el coche, mirando. Yo nunca pensé que iba a salirse. Si me demoré fue porque me encontré con una vecina y el tiempo se pasó volando. Cuando me di cuenta de la hora, me imagine lo peor. Casi me desmayo cuando le vi al Pascual agarrado por dos policías. Para una madre es muy duro enterarse de lo que es capaz de hacer su hijo. Si, yo sé, pobre chica, ¿pero quien le manda mirarle al Pascual?


La Celda (version editada)

19 julio 2009

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A los periódicos solo les interesa la sangre, el morbo y yo les di una buena historia. Los fiscales y jueces quieren castigar, eliminar al elemento indeseable y yo les hice famosos. Ignorantes.
Esta celda me tiene harto. Desde aquí puedo oír a mis compañeros en sus peleas absurdas. Qué saben ellos de la vida, peor de la muerte. No son más que delincuentes,  ladronzuelos, brujos, todos cobardes.  ¿Alguno de ellos podrá entender por qué lo hice? Bah, Todo esto es una tontería. Para qué mierda me pregunto si habrá alguien. Yo sé que cuando saquen mi cadáver en una bolsa de basura,  nadie sabrá que fui un poeta.