Pascual

22 enero 2011

sunset over parking lotphoto © 2006 grendelkhan | more info (via: Wylio)

 
No, señor policía, no me siento culpable. Hay cosas que una mujer tiene que hacer.

Generalmente, el abuelo le cuida al guagua cuando tengo que salir, pero ese día no estaba y no me quedo más remedio que subirle al Pascual al carro. Si usted lo hubiera visto, se puso feliz, babeaba más que de costumbre. Cuando llegamos, le tuve que explicar que no se podía bajar y que no tardaba. Era la primera vez que le dejaba solo. Si me estacioné en el sitio más alejado fue porque, usted no lo sabe seguro, cuando se tiene un hijo como el Pascual, especial es que les llaman ahora, se quiere evitar las miradas. Así de simple.

El Pascual se quedó tranquilo en el coche, mirando. Yo nunca pensé que iba a salirse. Si me demoré fue porque me encontré con una vecina y el tiempo se pasó volando. Cuando me di cuenta de la hora, me imagine lo peor. Casi me desmayo cuando le vi al Pascual agarrado por dos policías. Para una madre es muy duro enterarse de lo que es capaz de hacer su hijo. Si, yo sé, pobre chica, ¿pero quien le manda mirarle al Pascual?

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Orsai, nadie en el medio

14 enero 2011

No recuerdo haber sido tan feliz al recibir un envío. Todo los días revisaba, de manera casi enfermiza, el trayecto del paquete en la Web. Salió de Buenos Aires en diciembre, arribó a ciudad de Panamá, se retrasó un par de días en la aduana de Guayaquil y por fin, a pesar de los cobros extras, retiré el pack de diez revistas Orsai en Quito. Si que pesaban. Tomé tres buses para llegar a casa y no me importó cargar casi 7 kilos. El trayecto fue largo porque no podía ver la revista. Llegué a casa y mamá me regañó por venir sola y en bus con un paquete tan pesado. Me justifique diciendo que un señor muy amable me cedió el asiento.

Al abrir el pack, mi hija exclamó: “huele feo”. Si mi vida, huele a papel, a tinta, a revista. La nariz de mi hija aún no puede apreciar ese olor. Saqué con cuidado una revista del pack y lo primero que hice fue asegurarme que tenía el separador de la pizzería Estilo Argentino. Tengo la fantasía de ganarme el viaje a Sant Celoni, darle un gran abrazo de cumpleaños al gordo Casciari, verles jugar a mi hija y a la Nina y ya que estoy cerca, visitar Blanes, el pueblo donde vivió Bolaño.

Mi hija me arrebató la revista y miró la portada. No me gusta, es un chumado y la lanzó al piso. No me dolió. La revista es de ella. La puede manchar de comida, de plastilina, de tierra. La puede rayar si quiere. Pero eso sí, mi ejemplar es solo mío y nadie lo toca. Mi mamá seguía sin entender nada hasta que se animó a hojear Orsai y vió las fotos de Albert Casals. Este chico almorzó en mi comedor, dijo orgullosa y empezó a leer. Y siguió leyendo hasta que se olvidó de nosotras y de la merienda. Cuando llegó papá le tuve que explicar que era la revista Orsai, cómo la compré y de donde vino. Este ha sido un buen día.